Tenía muchas ganas de verla. Muchísimas ganas de verla. Tenía tantas ganas de verla, que procuré no leer, no buscar , no informarme, para evitar cualquier tipo de Spoiler.
Por cierto, lo he avisado en el título y te lo vuelvo a decir. Hablaré sin tapujos de la película y por tanto va a haber spoiler. Si no querías saber nada de la peli y te desgrano algo, es tu culpa. No la mía.
Había visto el trailer y traté de mantener la intriga de la película únicamente sabiendo que se centraba en un padre que busca a su hija dentro del mundo de las raves.
Procuré vivir en la más absoluta ignorancia hasta el punto que pensaba que el niño era nieto y no hijo.
Tardé en ver la película, porque quería verla. Quería saborearla, Quería digerirla. Verla tranquilo y sosegado.
La sucesión de nominaciones y de premios en el cine europeo o en los Oscar. Sobre todo en tema de fotografía y sonido no hacía más que acrecentar mis ganas de verla.
Había conseguido llegar al día que decidí verla, sabiendo que algunos la trataban de thriller y a nivel de historia que únicamente que un padre buscaba a su hija en las raves y que ocurría un suceso canónico. La verdad, la vi esperando el momento en el cual apareciera el cadáver de la hija o en muy malas condiciones ( drogada, explotada sexualmente…).
Y por fin el viernes 19 de junio, un año y poco más tarde de su estreno, pude verla.
Me costó verla.
Me costó muchísimo verla.
Me pareció una película sumamente lenta.
Hasta en la rave del inicio se me hizo lenta, casi tenía más sensación de cierre de after, que de fiesta en su apogeo.
El sonido, realmente es espectacular, la elección y el uso que dan al sonido guía las sensaciones y sentimientos a lo largo de la película ayudando a generar la atmosfera que cada uno perciba.
La fotografía es brutal. Ya desde el primer minuto, con el montaje de los altavoces, deja claro, la importancia del escenario, de la fotografía, y de la lentitud de la película.
Al igual que en «Dune» o «Mad Max: Furia en la carretera», el paisaje desértico, el sol, la arena y el tratamiento que le da la película, hacen que tu cerebro te transmita el calor que debería hacer. El tratamiento del desierto y su importancia me genera durante todo el metraje sensación de ahogo e incluso claustrofobia en varios momentos de la película.
Por desgracia, ese mismo gusto por el paisaje, por el detalle me provoca que en ciertos momentos sea lenta. Entiendo que planos secuencia tan largos tanto de la rave, como del desierto, ayudan a crear la atmosfera y ayudan a dar tiempo a espectador a generar y digerir los sentimientos y sensaciones.
Para mí es sumamente lenta en muchos momentos y en cambio en puntos vitales de la película pasa de soslayo. Un punto de inflexión como es la huida de la caravana, o momentos en los cuales, se forja de algún modo cierta empatía entre los personajes ( hecho de compartir alimento, el momento de la gasolina, etcétera) no tienen peso temporal en la cinta.
El hecho más importante de la película que es la muerte del hijo, para mí ocupa apenas minutaje así como el sufrimiento de su padre, pasa a un segundo plano durante algún tiempo hasta el final de la película.
Respecto a los personajes, si bien durante los primeros minutos me generó una enorme carga sentimental y nexo con el padre, debido a su búsqueda y desesperación, encuentro que en líneas generales hay un desarrollo muy plano de los mismos.
Creo que en la presentación secuencial de los mismos se genera una expectativa sobre su desarrollo, de saber a lo largo del metraje como y porque están ahí que luego no se cumple. Deja a la cabeza de los espectadores jugar a crear la historia de cada personaje.
En mi caso, por ejemplo, Bigui y Tonin, eran amputados de alguna guerra, ya que durante algunos tramos del viaje, aparecen noticias sobre guerras mezclado con imágenes de estos personajes.
El desarrollo de los mismos y el equilibrio entre cercanía-lejanía de los personajes con el personaje central de la película así como su aparente desafección con él, hacen que si bien compartamos el dolor, el sentimiento de culpa, la desesperanza, de Luis, no nos genere más que sorpresa la muerte paulatina de algunos de ellos. Precisamente, los que quizás podían sentirse más cercanos al protagonista.
En cambio, me parece todo un acierto el uso de actores noveles. Dicha elección, no hace más que acrecentar la sensación de road movie de la que hace gala la película.
Por último y aunque aparente que la historia de la búsqueda de la hija es solo la excusa para este viaje y la poca importancia que creo da a la muerte de Esteban; para mí tiene una gran carga emocional que hace que me genere una tristeza que impida poder disfrutar de la película.
Soy yo, me pasó también con «Una palabra tuya» o «La vida es bella». La vida real ya es tan cruel, dolorosa y dramática como para disfrutar de una película en la cual un personaje infantil sufre.
Por todo ello, Sirât puede ser una joya de culto para aquellos que sepan apreciarla. No es mi caso. He disfrutado verla, me ha encantado la fotografía. Es una película que recomendaría verla a los cinéfilos y poco más. De hecho, una vez vista, no es un filme que volveré a ver.
Seguiré prefiriendo «La leyenda del DJ Frankie Wilde» como cinta que tiene como hilo conductor la música electrónica.
